Mateo aprendió de su abuela a tejer pulseras de colores. Sus amigas del cole le pedían una y otra.
Decidió venderlas a 2 monedas cada una. Anotó cuánto gastaba en hilo y cuánto ganaba: ¡así supo si su 'negocio' funcionaba!
Reinvirtió una parte de las ganancias en más colores de hilo. Su catálogo creció y también sus clientes.
Mateo aprendió que ganar dinero con algo que amas se siente muy distinto a solo recibirlo.